Ing. Ariel R. Aguilar Zurita
MBA Petrolero
Con frecuencia
se escucha decir que el cuidado del medio ambiente constituye un lujo
que solo los países “Desarrollados y Ricos” son capaces
de financiar, pues se mal piensa, que aquellos que han satisfecho ya
sus necesidades por demás dimencionadas de crecimiento y de desarrollo
de sus factores productivos pueden preocuparse, entonces, por la salud
del planeta.
Por el contrario, el punto de vista o la actitud debería ser
que, mientras se lucha por salir de la pobreza y cubrir las necesidades
básicas que caracteriza a los países emergentes o en vías
de desarrollo, es factible en ese nivel asumir el compromiso ambiental
con el mundo entero. La solución a los problemas ambientales
no tiene por qué ir necesariamente en detrimento de la tasa de
crecimiento del PIB del un país o de la relación Costo
- Beneficio de una empresa.
Se ha demostrado en mas de una ocasión que el financiamiento
en medidas predictivas, correctivas y preventivas, resulta más
económico que los costos que implicaría permitir a determinadas
fuentes continuar causando efecto negativo o daño ambiental.
Debido a esto es que se necesita un cambio radical de la forma como
se toma los costos ambientales, estos costos asociados al medio ambiente
deberían representar una inversión para el país
- de manera general- o para la empresa - de manera particular - y no
un gasto.
Si bien es cierto, que en las naciones desarrolladas solo emergieron
movimientos ambientalistas, hasta que éstas se industrializaron.
Se puede pensar que las preocupaciones ambientales que enfrentan las
naciones “poderosas, en tecnología, y conocimiento”,
tiene que ver casi nada con el bienestar de la población de los
países en vías de crecimiento y que esta preocupación
junto a todas sus acciones tiene un carácter egoísta y
a lo mejor estamos en lo correcto. Sin embargo también es cierto
que en los países desarrollados las personas se preocupan por
el hecho de que las emisiones de bióxido de carbono provocarán
cambios climáticos en el presente siglo, y que los productos
genéticamente cultivados traerán consecuencias sobre el
ecosistema. Otra verdad innegable es que mientras todo lo anterior acontece
en los países primermundistas, en muchos países atrasados
como el nuestro la preocupación central que nos atañe
es como salir de la pobreza extrema. La mayoría de las grandes
ciudades en los países subdesarrollados están sufriendo
altos niveles de contaminación atmosférica, la población
crece más rápido que la expansión de la oferta
de servicios básicos como ser el agua potable –por tan
solo poner un ejemplo-, desaparecen bosques provocando no solo una preocupación
de largo plazo sobre los cambios climatológicos que estos acontecimientos
puedan provocar, sino que también existe un fuerte impacto económico
directo e instantáneo.
Bajo un análisis general y hasta de carácter lógico,
se puede ver que son tres los factores generales que están provocando
los problemas ambientales más apremiantes en nuestros países
emergentes; la explosión demográfica, la urbanización
desordenada y la industrialización irresponsable de su entorno,
a estos tres mega factores habría que sumarle la pobreza que
empeora las crisis ambiental. Pero el error más grande de todos
es el fracaso de los gobiernos y de las instituciones que tienen la
tarea de diseñar y ejecutar políticas atinadas en la administración
del problema ambiental.
Por todo lo anteriormente analizado, es deber propio reflexionar tanto
en torno a los factores en que se sustenta la actual capacidad de nuestro
planeta para atender al tamaño de la población actual,
como al intercambio entre crecimiento, tasa demográfica, consumo
de recursos y protección ambiental, en la dinámica económica
contemporánea, a través de una política de economía
ambiental, consciente y debidamente sustentada.