Ing. Ariel R. Aguilar Zurita
MBA Petrolero
El temor o incertidumbre
del futuro que pueda causar las decisiones que tomemos, es un sentimiento
natural que todo ciudadano experimenta al encontrase en un momento crucial
en la historia de nuestro país, me refiero concretamente a la
decisión de permanecer como un país Unitario Centralista
o un país Federalista que es lo que precisamente se definirá
en la Asamblea Constituyente.
En mi opinión
el cambio por el cambio no es la mejor manera de enfocar este desafío
que se nos ha presentado, sino que se debe discutir con argumentos válidos
y echar mano de la historia asi como de la experiencia de otros países
para que sean ellas quienes nos ubiquen en la situación actual
en la cual vive Bolivia y nos bien proyecten al siglo XXI.
Bolivia esta viviendo
un centralismo nocivo consecuencia del verticalismo autoritario y soberbio
que entra en franco conflicto con el ejercicio de la democracia y la
participación social, y que cuarta a demás el desenvolvimiento
de algunas regiones del país por concentrar recursos y decisiones.
En resumen este es un régimen administrativo opresivo y retrógrado.
Es evidente que existe
un constructivo regionalismo en el oriente boliviano, que interpreta
las aspiraciones regionales haciéndolas precisas y definidas,
buscando que se concreten en vigorosas reivindicaciones, pero evitando
al mismo tiempo que se confunda un movimiento regional con una vaga
expresión de malestar y descontento, para que estas aspiraciones
represente un verdadero compromiso de cambio con todas las responsabilidades
que esto conlleva.
Uno de los vicios
de nuestra organización política es ciertamente el centralismo,
esta organización política actual necesita ser revisada
y transformada, entonces las decisiones que se adopten deberán
apuntar a la generación de nuevos mecanismos administrativos
(como aspecto formal) y a una nueva estructura económica (como
aspecto substancial). Solo por poner un ejemplo, la “Federalización
Educativa” la cual transfiere las operaciones de los servicios
de educación básica a los estados, le ha dado resultados
favorables a países como Perú y México, y pienso
que en Bolivia podría funcionar ya que hasta ahora lo que se
ha logrado en educación no es nada para enorgullecerse.
Estoy convencido
de que en este nuevo siglo se debe avanzar hacia una renovada Bolivia,
convertida en traductora de autonomías regionales que fortalezcan
las facultades de cada gobierno local y que nutra de confianza a cada
comunidad, con una nueva distribución de recursos, responsabilidades,
atribuciones y capacidad de decisión.